Recientemente se conocían los detalles del sumario
abierto contra diversos miembros de la curia del Arzobispado de Granada
acusados de abusos sexuales continuados a menores de su ámbito de influencia.
Un caso destapado por uno de estos jóvenes, entonces menor de edad, en el que
intervino el Papa Francisco, lo que contribuyó a que el asunto alcanzará un
importante impacto social en todo el país.
Los detalles son escabrosos. Un grupo organizado de
sacerdotes y seglares conocidos por la sociedad granadina como los Romanes
(ojo, no confundir con Los Ramones) o Romanones, venían desde hace tiempo
organizando fiestas sexuales y orgías en las que invitaban a algunos menores a sus desenfrenos. La secta
disponía de diversos inmuebles en Granada (un importante patrimonio en común,
según el Juez instructor), entre otros, un lujoso chalé en Pinos del Genil, que
utilizaban para sus retiros sexuales. Un patrimonio éste que, por lo que
parece, fue obtenido a través de su “labor pastoral”. La tibia reacción del
Arzobispado de Granada y la actitud soberbia del purpurado que está a su frente
es de sobra conocida,
Entre los doce implicados, ahora imputados por
“presunta comisión de delitos de agresión sexual, abusos y exhibicionismo,
agravados por prevalimiento, cooperación o encubrimiento”, se encuentran el
párroco de las Angustias y del Carmen de Motril y el cura de Salobreña sin que,
hasta ahora, haya tenido ninguna consecuencia para ellos su participación en
este sucio asunto, por lo que siguen desempeñando su función pastoral.
Tolerancia cero, proclama Bergoglio, mientras que aquí se impone un silencio
ominoso e hipócrita.
Mientras tanto, recientemente el equipo de Gobierno
del Ayuntamiento de Motril, con su Alcaldesa al frente, adjudicaba directamente
al Arzobispado de Granada la cesión por 75 años de 450 metros cuadrados de
suelo de dominio público municipal valorados en 296.325 euros de euros, para la
construcción de una capilla religiosa en Playa Granada. Una decisión del
Partido Popular en el Pleno que ha pasado prácticamente inadvertida, a pesar de
su trascendencia.
Una curiosa actuación de mejora de nuestras playas,
por otra parte —en la línea del chiringuito Oleaje—, mientras que el temporal y
la incompetencia del Ministerio de Fomento y del Ayuntamiento, van
contribuyendo al progresivo deterioro de las playas de nuestro litoral.
Llama la atención la coincidencia en el tiempo de
estas dos circunstancias —la imputación de los clérigos y seglares por abuso a
menores y la cesión de suelo público al Arzobispado que los acoge—. Pero, sobre
todo, clama al cielo (ahora, sí) el silencio cómplice de la Alcaldesa y de los
responsables del gobierno municipal ante la permanencia del párroco de las
Angustias y del Carmen en su actividad y, de manera especial, su
desentendimiento hipócrita ante las posibles víctimas de Motril de esta secta
de pederastia confesional.
Es de sobra conocido el fervor religioso de la
señora Alcaldesa y de su equipo de gobierno (respetable en su esfera
estrictamente privada) y su empeño en convertir la imaginería católica, sus
fiestas, ídolos y celebraciones en la principal seña de identidad de nuestra
ciudad, que constitucionalmente, como toda España, es aconfesional. Tampoco es
una actitud singular, la verdad. Los representantes de esta derecha cateta,
casposa y rancia confunden intencionadamente el ámbito de lo público con lo
estrictamente personal y privado, entendiendo que sus creencias deben ser las
de toda la sociedad. No es extraño. Son portes debidos: la iglesia católica en
este país siempre ha estado, y sigue estando, al lado de los poderosos. A su
lado. Y ese apoyo tiene sus peajes; éste que comentamos es uno de ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario