Los pediculus capitis o sus huevos (liendres) afectan a dos de cada diez pequeños de entre 3 y 11 años en esta época del año, y atacan con más frecuencia a las niñas que a los varonesMuchos niños se contagian en la arena de la playa, lugar perfecto para que sobrevivan las liendres debido a sus condiciones idóneas de calidez y humedad, y transmiten después los parásitos a sus compañeros de clase
Miles de niños han emprendido en las últimas semanas la travesía de vuelta desde el lugar de vacaciones a sus ciudades de origen para iniciar el nuevo curso escolar. Muchos de ellos (algunos estudios señalan que dos de cada diez pequeños) tendrán unos compañeros de viaje muy molestos, que vivirán con ellos durante los próximos días y que traerán de cabeza tanto a los niños como a sus padres: los pediculus capitis, más conocido como piojos.
El motivo es bien sencillo: la playa es el lugar perfecto para que los pequeños se contagien, ya que estos parásitos (o sus huevos, más conocidos como liendres) pueden sobrevivir hasta diez días sin contacto humano (es decir, sin sangre), porque la arena reúne las condiciones idóneas de calidez y humedad que necesitan. Agustín Buendía Eisman, profesor titular e investigador del área de Dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, advierte de que el contacto directo que se establece entre los niños y la arena al jugar en la playa puede provocar que muchos de ellos regresen a casa con liendres en el cabello.
“Los piojos atacan más frecuentemente a las niñas que a los varones –señala Buendía-, por una razón bien sencilla: suelen tener el pelo largo, y a menudo juegan entre ellas a peinarse y a intercambiar accesorios para el cabello, como peines u horquillas”.
A diferencia de los piojos –que se alimentan de la sangre humana, y apenas pueden vivir 24 horas sin ella, es decir, fuera del cuerpo-, las liendres sobreviven hasta diez días en la arena de la playa, desde donde pasan a la cabeza de los niños.
El investigador de la UGR apunta que las liendres son “mucho más fáciles de ver” que los piojos. Son de forma oval, y con frecuencia se localizan en el pelo de detrás de las orejas o cerca del cuello. Además, se diferencian fácilmente de la caspa, ya que ésta cae con facilidad al cepillar el pelo, algo que no ocurre en el caso de las liendres.
Tratamiento sencillo
“Con todo, no hay ninguna razón para alarmarse ante el inminente aumento del número de casos de niños con piojos que puede darse en las próximas semanas -advierte Buendía Eisman-, ya que el tratamiento para eliminarlos es muy sencillo y eficaz”. Utilizar un champú antipiojos como medida preventiva “nunca está de más”, si bien es cierto que “no existe ningún método que elimine el riesgo de contagio al 100%”.
El profesor de la UGR destaca que si en esta época del año es cuando más niños sufren de piojos en la cabeza “es debido a los grandes movimientos de población que se producen tras las vacaciones de verano desde la playa hasta las ciudades”. Ante un posible contagio, Buendía Eisman recomienda consultar al dermatólogo para realizar “tratamientos correctos y definitivos”, ya que el uso de tratamientos inadecuados puede eliminar los síntomas como el picor, pero no solucionar el problema e incluso alargarlo y favorecer así la cadena epidemiológica. “Los remedios caseros como untar el pelo del niño con alguna sustancia grasa, como vaselina, mayonesa, aceite de oliva, o el uso de ‘liendreras’, favorece la eliminación de liendres, pero no la muerte del parásito”, concluye el investigador.
Las lociones y champú con pediculicidas de última generación, controlados y recomendados por el dermatólogo, representan la primera línea de tratamiento eficaz.
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