El sujeto de este libro es el
proceso de evolución y transformación de un hombre desde unas ciertas
posiciones morales y políticas hasta situarse en la trinchera contraria.
La novela empieza diciendo:
“Puesto que se había decidido atacar sobre el pantano de Orbaiceta había que
poner manos a la obra”. La minuciosa descripción de las actividades
guerrilleras proporciona al relato el interés de la intriga y constituye el
hilo conductor. Se narra la existencia histórica de un maquis en los años
sesenta, prácticamente desconocido.
La Dictadura había logrado
afianzarse en el poder absoluto y tenía los medios para aniquilar aquel intento
armado y hacer que el ataque a la central eléctrica de Orbaiceta o el
descarrilamiento de un convoy ferroviario internacional de veinticuatro
unidades cerca de Canfranc, fuese escamoteado a la información de la prensa
nacional.
Durante las caminatas en silencio
y las noches oscuras, el protagonista tiene mucho tiempo para pensar en lo que
lo ha arrastrado a esta aventura de echarse al monte. Cada situación evoca el
recuerdo de su pasado, desde su niñez hasta su incorporación y actividad en el
maquis. Una guerrilla que en principio iba a estar a las ordenes directas de
“El Campasido”, pero que, tras la deserción de este, fue puesta en marcha por
los grupos guerrilleros que la formaban, bajo las ordenes del comandante
Roberto López.
El fusilamiento del padre del
protagonista por un grupo de milicianos anarquistas, en los primeros días de la
Guerra Civil es, al mismo tiempo, un punto de partida y el primer contacto con
la muerte, que es cuando los humanos tocamos fondo.
Durante su primera juventud, el
protagonista de la narración, traba amistad con un muchacho al que también le
habían fusilado a su padre, pero esta vez eran los esbirros de los sublevados
los que perpetraron el asesinato. El choque de aquel descubrimiento abre la
puerta a reflexiones que no había podido imaginar antes.
Se daban dos circunstancias
curiosas: una, que los dos fusilamientos tuvieron lugar el mismo día y otra,
que los tópicos y criterios que el protagonista va asimilando por la influencia
de su entorno social, calificando de crimen el fusilamiento de su padre, un
honesto abogado de clase media, se podían aplicar al padre de su amigo que era
un honesto Catedrático de la universidad de Granada. Algo había en la distinta
clasificación política que se hacía de ambas muertes, que no cuadraba.
Nuestro hombre, tras cursar
estudios en la Escuela Oficial de Periodismo, trabaja dos años en el diario
“Pueblo” de Madrid. Más tarde se clasifica en un concurso del Ministerio de
Exteriores y obtiene un destino de Adjunto de Prensa en la embajada de Oslo.
Durante siete años trabaja a las
órdenes de un Embajador que había llegado a Noruega (una Embajada de poco
rango) como represalia por anteriores actuaciones diplomáticas que no gustaron
a Serrano Suñer ni al Ministro de turno, Felix de Lequerica. Entre el Embajador
y el Adjunto de Prensa se establece un trato de mutua comprensión y amistad.
Por otro lado, un íntimo amigo de
nuestro protagonista, Mariano G. Landa, es nombrado Ministro de Información del
Gobierno Republicano en el Exilio, quien propone a su amigo que deje le
Embajada y se traslade a Paris, donde trabajaría como Jefe del Gabinete de
Prensa del Ministerio. Allí pondrán en marcha un viejo sueño de ambos, creando
una Agencia de Prensa para dar difusión a las actividades de los distintos
sectores de la oposición clandestina a la dictadura. Así es como rueda el
destino hasta que el hijo de un fusilado por los anarquistas, con el achaque de
cubrir la información, se convierte en guerrillero antifranquista.
A lo largo de la narración se van
sucediendo las acciones guerrilleras que le dan cuerpo a la historia, hasta
que, acosados por una fuerza treinta veces superior, se ven obligados a repasar
la frontera y entregarse a la gendarmería francesa.
La progresiva evolución del
protagonista se va produciendo por el contacto con otras personas de diferente
ideario, el descubrimiento insólito de un importante lote de libros y las
oportunas reflexiones.
Durante la actividad guerrillera,
la muerte vuelve a hacer acto de presencia, lo cual entronca con los recuerdos
del niño que la conoció el día que fusilaron a su padre.
El autor
Francisco Pérez Terrón nace en
Motril en 1926. Inicia los estudios de derecho en la Facultad del Sacromonte de
Granada, pero los abandona para matricularse en la Escuela Oficial de Periodismo
de Madrid. Trabaja dos años en el diario Pueblo, hasta que concursa para
agregados y adjuntos de prensa de embajada y es destinado a Oslo (Noruega)
durante siete años. Abandona dicha embajada por voluntad propia y se instala en
París como jefe del Despacho de Prensa del Gobierno Republicano en el Exilio,
obteniendo el refugio político bajo la protección de la OFPRA. Participa en
acciones de la última guerrilla que operó en España, en el Pirineo navarro y
aragonés, y de regreso a París, trabaja para la editorial Ruedo Ibérico.
Tras un reciclaje profesional,
ejerce de interiorista en París, además de colaborar como militante en Mundo
Obrero e Información Española. De vuelta a España en 1976, se incorpora a Mundo
Obrero, pero al cerrar esta cabecera como diario, vuelve a instalarse como
interiorista en Madrid hasta su jubilación. En 1993 regresa a Motril, su pueblo
natal, donde reside actualmente.
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