La situación estratégica de la Vega granadina y la fertilidad de sus tierras convirtieron la provincia de Granada en un lugar clave dentro de la Bética romanaUn investigador de la UGR ha estudiado los restos arqueológicos del yacimiento del Cerro de La Mora, en el término municipal de Moraleda de Zafayona
Desde los siglos III a.C hasta el siglo V, la Bética fue una de los territorios anexionados al Imperio Romano. Bajo su dominio, este espacio geográfico fue reconocido por su producción minera, oleícola, cerealística y por el elevado nivel de romanización de sus habitantes, algo que no evitó, sin embargo, que éstos se mantuvieran fieles a sus tradiciones. Muestra del grado de romanización alcanzado por esta provincia es la subida al poder imperial a fines del siglo I y durante el II de dos emperadores béticos: Trajano y Adriano, ambos nacidos en Itálica.
Dentro de este territorio, la Vega de Granada ocupaba una situación estratégica (dado su carácter fronterizo entre la Andalucía oriental (Bastetania) y la Occidental (Turdetania), que sumada a la fertilidad de sus tierras convertía a nuestra provincia en un lugar clave dentro de la Bética romana. Julio Miguel Román Punzón, investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, ha estudiado por primera vez el papel de la Vega en la Época Clásica.
Su trabajo ha sido realizado íntegramente en el yacimiento del Cerro de La Mora, en el término municipal de Moraleda de Zafayona, uno de los más importantes y representativos de la Vega de Granada. Mediante un escrupuloso análisis, ha conseguido determinar que dicho yacimiento era una aglomeración rural (un ‘vicus’), ubicada junto a la vía de comunicación más importante que los romanos construyeron en nuestra provincia: la que unía Iliberris (Granada) con Anticaria (Antequera), que permitía conectar, por un lado, con las factorías fenicias ubicadas en la costa malagueña, y por otro, con el Valle del Guadalquivir.
Los restos arqueológicos del Cerro de la Mora examinados por Julio Miguel Román, demuestran que los habitantes de este enclave mantuvieron unas intensas relaciones comerciales y culturales con la Andalucía occidental (Turdetania), en mayor grado que con la oriental (Bastetania), probablemente como reflejo de su propia identidad cultural, más turdetana que bastetana. Su trabajo –que ha permitido estudiar importantes producciones cerámicas- ha evidenciado, además, que los habitantes del Cerro de la Mora se mostraron reticentes a las costumbres que llegaban desde Roma, manteniéndose fieles a sus propias tradiciones y modelos de vida.
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