18/7/07

Expertos coinciden en la necesidad de conceder a los niños la categoría de “grupo social minoritario” en el mundo actual



Según el último informe de UNICEF sobre la pobreza infantil en los 30 países miembros de la OCDE ―los países ricos―, de 2005, “la proporción de niños que viven en situación de pobreza ha aumentado en la mayoría de las economías desarrolladas”. La clasificación la encabezan Dinamarca y Finlandia, cuyas tasas de pobreza infantil son inferiores al 3%, y en la cola se encuentran Estados Unidos y México, cuyas cifras son superiores al 20%. En este grupo, España se sitúa en el 16º lugar, con un 13,3% de niños que viven por debajo del umbral de pobreza nacional, y pertenece a los cinco países ―junto con Grecia, Irlanda, Italia y Portugal― que asignan el porcentaje más bajo de su PIB a prestaciones sociales para familias con bajos ingresos, puesto que estos recursos están en su mayoría concentrados en los grupos sociales de mayor edad.
En este contexto, la profesora Lourdes Gaitán Muñoz, coordinadora pedagógica del Experto en Políticas Sociales de Infancia de la Universidad Complutense de Madrid, ha comentado en la segunda sesión del curso de verano del Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada ¿Quién educa? ¿Quién socializa? que los derechos atribuidos a los niños en la Convención sobre los Derechos de los Niños de 1989 han de ser contemplados con una mirada crítica, “puesto que han sido elaborados por adultos, desde un punto de vista adulta y concedidos a los niños por adultos, que son de esta forma tratados como meros receptores: sujetos pasivos sin margen de actuación”.
“Sin embargo ―insiste la profesora―, los niños no sólo reciben y guardan: reinterpretan, se comparan contigo y con quienes los rodean. Por ello ―prosigue― es necesario desarrollar los nuevos enfoques que sí destacan el papel del niño como sujeto y actor social, que consideran la infancia como un fenómeno social y un componente de la estructura social y conceden a los niños la categoría de grupo social minoritario.”
“A los niños se les niega su presente; se les considera sólo como futuros adultos”, y todos sus derechos llegan con la mayoría de edad, que les convierte en adultos a los ojos de la sociedad. Una sociedad que, por otra parte, prefiere ocultarles los peligros que encierra y que, en lugar de alertarles y darles capacidad de juicio y de defensa, prefiere que los niños “vivan ajenos a la pederastia, a la explotación infantil… de tal suerte que no pueden reconocer y apartarse de estos peligros cuando les acechan y no hay un adulto de confianza cerca para protegerlos”.

Intervención directa
Manuel Isaac e Isabel Hernanz son educadores de calle del Centro de Programas Sociales de Aldeas Infantiles SOS de Madrid (Collado Villalba). Han contado a los asistentes cuáles con sus experiencias con niños que se crían prácticamente en la calle, conviviendo diariamente con entornos conflictivos en los que las drogas, las peleas y el alcohol forman parte de su espacio de juegos. Subrayan que, lejos de las ideas preconcebidas sobre los niños criados en entornos conflictivos, “no todo depende de ellos. (…) Ellos son las víctimas, el producto de una sociedad que facilita el triunfo y que margina a quien no tiene medios para conseguirlo.”
Ambos profesionales comentan que “los niños que se crían en la calle, que pasan en ella más de catorce horas al día, que salen de su casa a las diez de la mañana y no vuelven hasta pasadas las doce de la noche, llegan a considerar este entorno su hogar”. Hoy en día, esta afirmación podría parecer estigmática y, sin embargo, las generaciones inmediatamente anteriores han hecho de la calle su espacio de socialización, en el que jugaban, compartían, corrían, conocían…
El punto diametralmente opuesto está conformado por los niños a los que actualmente consideramos “socializados”, por más horas que pasen frente al ordenador o la consola que conversando con personas y compartiendo sus experiencias con sus iguales y con los adultos que los rodean y que les son familiares. “El término medio ―dicen los educadores― sería hacer de la calle no un espacio de marginación en el que vivir, sino un entorno sano de convivencia, en el que educar.”

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